Brillar con luz propia en red

junio 08, 2010 − by Eugenio Moliní − in Sin categoría − 107 Comments

    Tuve el placer de pasar el jueves y viernes pasado en Girona con varios consultores artesanos de #redca. Allí estábamos  Alberto, Anna, Amalio, Asier, Manel, Miquel, Nacho, Jose Miguel, Jose Manuel, Silvia y yo. Eché de menos a algunos de los creadores de la Declaración de Consultoría Artesana que no pudieron venir: María Jesús,  Alfonso y Julen

    Un conjunto de personas que funcionamos en red nos hemos configurado durante dos días en comunidad de práctica.  Hemos trabajado juntos aprendiendo de nuestros errores y celebrando los aciertos. Hemos partido de objetivos muy diversos y permitido que la convergencia en los resultados emergiera del trabajo, no del consenso. Hemos contribuido cada uno desde su experiencia y conocimientos sin diluirnos en un fondo común.

    Para que esta fantástica experiencia fuera posible hemos tenido que contrarrestar la tendencia por defecto a configuranos en grupo o en jerarquía. El grupo, que en su lado luminoso nos ofrece identidad y pertenencia, en su lado oscuro nos exige homogeneidad y mediocridad. La jerarquía, que en su lado luminos nos ofrece orden y dirección, en su lado oscuro nos exige obediencia y sumisión.

     La única razón por la que las personas construimos grupos y jerarquías en las que dominan el lado oscuro es que estamos enfermos de grupitis y jerarquitis. Así nos han educado: a aceptar la mediocridad a cambio de ser arropados y la sumisión a cambio de seguridad. A lo que no nos han entrenado es a vivir con el vértigo que sentimos ante la autonomía y la responsabilidad absoluta, el “vértigo de la libertad” que escribía Kirkegaard.

    La red es la configuración en la que somos plenamente humanos ya que hace posible que encontremos identidad y dirección sin renunciar un ápice a nuestra autonomía. La red es la única configuración en la que es posible brillar con luz propia al mismo tiempo que otros también lo hacen. (Gracias Nelson)





    107 Comments

    1. Este es uno de esos post tan “redondo” que cabe poco o nada que añadir más allá de un “chapeau”. Claridad meridiana para posicionar la red frente al grupo o la jerarquía en un potentísimo juego de suma positiva. Brillante. Me ha encantado. Enhorabuena.

      • Vaya, ¡Que gusto que te guste! Mañana voy a Madrid a contarle esto a directores de colegios de la Comunidad de Madrid. A ver si les gusta tanto como a tí. Fué un placer brillar juntos./ Eugenio

    2. ¡Vaya descubrimiento, Eugeni!

      Todavía no lo he digerido del todo. Son muchos años de condicionamiento en la “grupitis”. Ya me había descondicionado de la “jerarquitis” y vivía emocionalmente lo de la red, pero he de reconocer que seguía muy lastrado por los paradigmas del grupo, de la identidad y de la pertenencia.

      ¡Qué liberación! Tan solo me queda ir descubriendo día a día el aire fresco que se respira en este lugar tan luminoso en el que adquieres una consciencia más elevada de algo que ya sabías… pero no del todo.

      Muchas gracias

    3. Sigo impactado con la herramienta de colaboración genuina desde el punto de vista conceptual, pues nunca he participado de un sistema que anule tanto la libertad y el interés personal para desarrollar acciones junto a más personas, a la vez que exige la expresión de las mejores capacidades individuales orientadas y delimitadas a la tarea que los une.

      Que no se malinterprete lo que digo cuando digo que se anula la libertad y el interés personal: debe existir una sumisión al sistema propuesto para que se puedan dar las condiciones óptimas que permitan buenos resultados. Ese sistema se deshace de intereses personales -o de pequeños grupos-, que pierden fuerza ante el interés de la red como tal. El sistema permite tener libertad sólo en el momento en el que es necesario tenerla, y es ahí cuando la expresión de las capacidades personales tiene sentido y elevan la calidad de los resultados.

      En un sistema como el propuesto, la persona (en red) se despoja de inmediato de las cualidades intrínsecas que se le podrían atribuir apriori para pasar a ser un mero medio necesario que permite a la propia red alcanzar los mejores resultados.

      Perdón por el rollo. Quizá sea una forma de darte las gracias y la enhorabuena :-)

    4. Querido Eugenio:
      Primero lo primero. Chapeau con el trabajo que hiciste en Girona. Aprendí muchísimo con tu modo de gestionar las dinámicas de grupo. Me ha sido muy útil comprobar cómo un tío puede conseguir estupendos resultados de la reflexión colectiva interviniendo tan poco, moviendo hilos con inteligencia y gestionando las energías con el mínimo de gastos. Soy de los que terminan esas movidas sudando y con la sensación que se me ha ido media vida en el empeño, pero veo que hay otras formas de hacerlo. Brillante, compañero, de verdad!!
      Ahora entraré en tu reflexión de fondo, la que expones en el post, y que me merece un análisis más tranquilo. Es un debate viejo y complejo, difícil de reducir a este espacio de comentarios. Llevo dos días pensando sobre la experiencia de Girona. Al principio me dejé llevar por cierta euforia de recambio de ideas, pero después he ido conectando piezas, y recobrando mi criterio propio para pensar mejor.
      Coincido en tu apreciación sobre las “jerarquías”, pero la lectura que haces de los “grupos” es demasiado negativa. Hablo de “grupos” y no de “grupitis”, porque ésto último suena a patología, a excesos. Querer pertenecer a un grupo (sin caer en “grupitis”) no tiene por qué implicar “mediocridad”, ni “homogeneidad”. Eso suena binario.
      Por ejemplo, yo siento un fuerte “sentido de pertenencia” a un grupo donde nadie me exige que piense como los demás, y que valora la diversidad. ¿Eso se llama red? Pues mira, es una red estable, con lazos más fuertes, y que me proporciona un equilibrio enorme.
      A ver, Eugenio, ¿tiene algún problema que renuncie a algo de mi autonomía a cambio de disfrutar ese lado luminoso de la identidad y la pertenencia? No tengo ningún problema en renunciar a una parte significativa de mi autonomía si mis compañeros, la gente con la que me junto e intercambio favores, lo merece, y me devuelve a cambio otros placeres.
      Dejarse arropar no conduce necesariamente a la mediocridad. Seamos más humildes, no pasa nada con que te arropen de vez en cuando. El más perfecto de los mortales lo necesita, y le hace más humano.
      No sé, me jode repetirme, pero percibo cierta obsesión por marcar fronteras y espacios individuales infranqueables que no va conmigo. Somos interdependientes, y eso por definición exige una pérdida de autonomía si queremos construir cosas juntos (¡¡y necesitamos construir cosas juntos!!)
      OJO, hay limites en lo que digo. Quizas los limites están en la grupitis como enfermedad (seria el equivalente al “group think” que llaman los psicologos), pero el deseo de pertenecer a un grupo no lo veo para nada como una “enfermedad” que demuestre lo blandengues que somos, o cómo nos han comido el coco.
      Ya verás, al final vamos a terminar hablando de escala de valores, neuras, perfiles de personalidad, y otras yerbas. Para mí eso está claro. No hay un-solo-modelo-bueno de relacionarse, y por eso pienso que renunciar a autonomía a cambio de sentido de pertenencia no es algo intrínsecamente malo, ni tiene nada de oscuro. Creo que es una opción que adopta también gente muy inteligente. Lo hacen porque quieren, y no porque no vean alternativas, ni porque le coman el coco. Gente sociable, que disfruta compartiendo y que tiene un sentido de la renuncia individual más holístico, más generoso.
      No me van los posicionamientos binarios. Así que por decirlo más claro, veo un punto intermedio (y es el que yo busco) entre la “grupitis colectivista” que criticas con razón y la “reditis individualista” que dibujas como modelo perfecto de crecimiento personal. ¿Eso se llama red? Vale, pero por lo visto vamos a tener que definir bien qué es eso…
      Perdona el rollo, pero el tema lo merece, y me has ayudado a pensar con tu post….
      un abrazo, y de verdad, un placer conocerte en Girona
      Amalio

      • Amalio:
        Fué un placer brillar contigo. Espero poder hacrlo más veces.
        Hace ya años que ando entrenándome en intervenir lo menos posible cuando trabajo con procesos participativos y multi-socios, equipos multi y comunidades de práctica. Lo que más me ha costado es confiar realmente en que las personas llegarán a las conclusiones que mejor les convenga en cada momento y a los mejores resultados posibles. La medida de mi confianza es la cantidad de veces que intervengo. Aún me pasa que en un descuido caigo en la tentación de intervenir porque el trabajo no va por donde yo considero que debe de ir.
        El entramaje conceptual que he desarrollado sobe grupos, jerarquías, equipos, comunidades de práctica, procesos participativos y demás me sirve para mantenerme en este sitio de confianza y orientarme en lo que está pasando. No pretendo que otros compartan mis definiciones. Simplemente comparto lo que a mí me sirve. A unos les ha servido y a otros no.
        Tras haber leído tu comentario he vuelto a la entrada y veo que he cometido un error: a partir de mi experiencia personal he sacado conclusiones generales. Esto ha sido la grupitis trabajando en mí. Si me corrijo, debería haber escrito todo el post en primera persona, asumiendo plenamente mi experiencia sin generalizarla. Gracias por hacérmelo ver.
        Aún así creo que te equivocas cuando interpetas mi posición sobre los grupos de binaria. Releyendo el post no sé dónde ves que mi opinión de los grupos es negativa. Creo que he sido muy equilibrado en mi valoración, resaltando el lado oscuro y el luminos de tanto grupo como jerarquía. Si lees otra vez el párrafo, escribo que “el grupo, que en su lado luminoso nos ofrece identidad y pertenencia, en su lado oscuro nos exige homogeneidad y mediocridad”. Creo que es evidente que resalto los dos aspectos.
        Un poco más abajo escribo que la “única razón por la que las personas construimos grupos y jerarquías en las que dominan el lado oscuro es que estamos enfermos de grupitis y jerarquitis”. No escribo en ningún sitio que los grupos sean siempre oscuros. Creo que podemos construir grupos que nos arropen, nos den pertenencia e identidad y que sean sitios nutritivos. También tengo el convencimiento de que hay un lado luminos de las jerarquías. Aunque mi experiencia personal es que siempre, hasta en las más luminosas jerarquías y grupos, he tenido que abdicar de algo de autonomía.
        El que yo personalmente me encuentre mucho más a gusto en red y comunidades de práctica, configuraciones que me permite actuar desde un individualismo altruista extremo, no quita que sepa que existen otras posibilidades y configuraciones en las que otras personas se encuentren a gusto.
        Un fuerte abrazo.

        • Gracias, Eugenio, por tu dedicada respuesta. Mi comentario iba, efectivamente, por el hecho de que me pareció que generalizabas a partir de perspectivas muy personales. Tuve la sensación de rotundidad en el manejo de ciertas ideas que no comparto del todo. Como si se pudieran extraer conclusiones que valgan para todos. La explicación que das ahora resuelve en buena medida mi duda, o al menos me permite entender mejor tu punto de vista.
          Lo del “individualismo altruista extremo” me parece un oximoron, amigo mio. Seguro que es materia de más reflexión, pero me suena a ese típico juego de palabras que entraña un contrasentido. Piénsalo un poco, y lo hablamos, pero no veo que el altruismo se realice a través de un individualismo extremo. Más bien todo lo contrario. Recuerda lo que te dije, maestro, ni “grupitis colectivista”, ni “reditis individualista”.
          Pero en fin, es solo como yo lo veo, uno más de los mortales que habitan esta jungla de la diversidad…
          un abrazo fuerte, maestro… y que sigamos brillando…

        • Amalio: he entendido que mi corta respuesta puede dar pie a pensar que me he enfadado por tus discrepancias. No lo estoy. Me gusta la diferencia y la discrepancia, así como el diálogo entre diferencias. Pero no me gusta el debate, y procuro evitarlo. No todo el mundo hace esta diferencia entre debate y diálogo, pero para mí es importante. De ahí mi cortedad. Un abrazo.

    5. ¿Qué añadir a este magnífico post? Después de haberte visto en acción y de leer este post, no me queda otra cosa que quitarme el sombrero. No está de mas recordar que todos estos tejemanejes de orden y concierto tienen un lado oscuro, a pesar de que sólo de nos muestren los beneficios. Así que vamos a intentar hacer el luciérnaga… ¡Gracias!

    6. Vivo de la construcción y se que nunca “brillaré en red” pero me encantaría ir a uno de estos eventos, me encanta lo bien que os expresais los ponentes, aquí en tu post es agradable la lectura.

      • Minipunk: Gracias por tu comentario.
        He mirado tu blog y creo que tienes todo lo necesario para poder brillar en red: tu pasión por tu ciudad, por el espacio público. Si alguna vez te decides a tomar una iniciativa en red, no dudes de mi apoyo para que consigas brillar con luz propia con otros que compartan tu pasión. Un saludo codial desde Girona.

    7. asiergallastegi
      09/06/2010 21:12

      Mil gracias Eugenio. Por la valentia de exponerte ante tanto miura y por la propuesta de dinamización “sueca” ;D Yo, un enamorado de los postits y el papel estraza, soy de los que acaba sudado igual que Amalio.

      La reflexión sobre grupo y red me parece tan interesante. La aportas tu y es casi transversal en el fin de semana y los posteriores debates en blogs y mails. Comparto parte de la musica de acuerdo en el cruce de opiniones con Amalio.

      Me llevo ideas para profundizar. Fue un privilegio que Silvia y tu me abrierais vuestra casa y disfrutar del sonido de la naturaleza en buena compañia.

      Gracias!!

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    9. Buen post, aunque después de compartir experiencia contigo me sabe a poco. Creo que has pensado en el tema de red durante mucho tiempo y sosegadamente. Como he comentado a Alberto en su blog, ahora debo meditar tranquilamente y con mimo sobre la experiencia y algunas de las explicaciones que diste y que reproduces, en parte, en este post.

      ¿Brillar? Ni eso deberíamos hacer, basta con la apagada luz de la vela que cada uno llevamos, algo que inspire intimidad y recogimiento. En red somos muchas las llamas y entonces, sólo quizá, podamos iluminar algo valioso.

      Un placer, Eugenio, a ver si hay más ocasiones de experimentar y de reflexionar luego.

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