molini.es
Ideas

Principios de la participación genuina: qué la separa del trámite

El marco conceptual del que parte casi todo lo demás en este archivo.

Cinco formas de arcilla y papel de la misma altura dispuestas en círculo abierto
Ninguna más alta que las demás.

El punto de partida

Casi todas las organizaciones dicen que consultan. Muy pocas distinguen entre consultar y participar, y la confusión tiene un coste alto: procesos largos, bien intencionados y caros que terminan con la sensación compartida de haber perdido el tiempo.

La distinción es simple de enunciar y difícil de sostener. Hay participación cuando quien interviene puede cambiar el resultado. Todo lo demás, por muy abierto que parezca, es información o consulta, y ambas cosas son legítimas siempre que se llamen por su nombre.

Primer principio: el margen tiene que existir antes

Un proceso participativo se decide en el momento en que se convoca, no en el momento en que se reúne. Si lo esencial ya está cerrado, ninguna técnica de facilitación va a producir participación real, porque no hay nada que participar.

De ahí la primera pregunta que conviene hacerse antes de abrir un proceso: qué parte concreta de esta decisión está realmente en juego. La respuesta puede ser modesta, y no pasa nada. Un margen pequeño y honesto produce mejores resultados que un margen grande y falso.

Segundo principio: la información se comparte antes, no durante

Participar exige poder formarse una opinión, y eso requiere tiempo. Un proceso que entrega los datos en la propia sesión convierte a los participantes en público. Lo que ocurre después no son aportaciones sino reacciones, y la calidad de unas y otras no es comparable.

El coste de compartir información antes es real: se pierde el control del relato y aparecen objeciones que habría sido más cómodo no oír. Ese coste es exactamente el precio de la participación.

Hay participación cuando quien interviene puede cambiar el resultado.

Tercer principio: quién falta importa más que quién viene

Un proceso participativo se juzga por su composición. La pregunta relevante no es cuántas personas asistieron sino qué perspectivas no estaban representadas, y si su ausencia fue casual o conveniente.

La capa intermedia de la organización es la ausencia más frecuente y la más costosa, por las razones que desarrolla la pirámide de los mandos intermedios. La segunda ausencia habitual es la de quien va a tener que convivir con las consecuencias sin haber tenido voz en la decisión.

Cuarto principio: la devolución es parte del proceso

Lo que ocurre después de una sesión participativa determina si habrá una siguiente. Devolver significa explicar qué se ha recogido, qué se ha adoptado y, sobre todo, qué no se ha adoptado y por qué. La última parte es la que se omite casi siempre y la que sostiene la credibilidad del conjunto.

Una devolución honesta puede incluir un no rotundo sin dañar el proceso. Lo que lo daña es el silencio, porque obliga a los participantes a interpretar, y la interpretación por defecto es que no sirvió de nada.

Quinto principio: la resistencia es información

Cuando aparece resistencia en un proceso, la lectura habitual es que las personas se oponen al cambio. La lectura que propone este archivo es distinta: la resistencia suele señalar un problema en el diseño del proceso, y merece leerse antes que vencerse.

A menudo indica que alguien vio antes que los demás una consecuencia que no se había considerado, que el margen prometido no era el real, o que el proceso pide confianza sin haberla ganado. Tratarla como un obstáculo desperdicia la mejor información disponible.

Cómo usar estos principios

No forman un método ni un orden obligatorio. Funcionan mejor como preguntas de control antes de abrir un proceso: qué margen hay, qué información se puede compartir y cuándo, quién falta, cómo se va a devolver y qué se va a hacer con lo que aparezca en contra. La ficha del libro Participación Genuina desarrolla el marco completo.

Los cinco apartados anteriores se dejan resumir en una lista de control. La tabla los ordena como preguntas que conviene hacerse antes de convocar un proceso, con la señal que delata el problema cuando ya está en marcha y lo que cabe hacer en cada caso. Se lee por filas, empezando por la columna de la izquierda.

Cómo aplicar los principios de la participación genuina
PrincipioQué comprobar Señal de alertaAcción práctica
El margen existe antes Qué parte concreta de la decisión sigue abierta en el momento de convocar. Lo esencial ya está cerrado y la sesión solo sirve para presentarlo. Nombrar el margen real al abrir el proceso, aunque sea pequeño.
La información llega antes Si los datos llegan con tiempo para formarse una opinión. El material se entrega en la propia sesión. Enviar el contexto por adelantado y asumir las objeciones que traiga.
Quién falta Qué perspectivas no están representadas, no cuántas personas asisten. Falta la capa intermedia o quien convivirá con las consecuencias. Nombrar la ausencia y decidir si fue casual o conveniente antes de seguir.
La devolución Si se explica qué se recogió, qué se adoptó y qué no. Silencio después de la sesión. Comunicar también los noes, con su razón.
La resistencia Qué señala cada objeción sobre el diseño del proceso. Las objeciones se leen como oposición al cambio. Comprobar si apuntan a una consecuencia no prevista, a un margen que no era el real o a una confianza aún no ganada.

Resumen editorial de los cinco apartados anteriores de esta página, preparado como lista de control. El marco completo está en la ficha de Participación Genuina, y el tercer principio se amplía en la pirámide de los mandos intermedios.

Qué no es participación, aunque lo parezca

Conviene nombrar las formas que más se confunden con participación, porque cada una es legítima en su terreno y dañina cuando se presenta como otra cosa.

La información comunica una decisión ya tomada. Es imprescindible y no tiene nada de malo, siempre que se anuncie como lo que es. El daño aparece cuando se convoca una sesión informativa y se abre un turno de preguntas que sugiere un margen inexistente.

La consulta pide opinión sin comprometer nada. También es legítima, y su problema es que rara vez se dice que el compromiso no existe. Una consulta honesta se anuncia diciendo qué se va a hacer con las respuestas, incluida la posibilidad de que no cambien nada.

La validación busca respaldo para una decisión ya tomada. Es la más frecuente y la que más desgasta, porque todos los participantes la reconocen y nadie la nombra.

Y la delegación entrega la decisión completa a otro nivel. Es más que participación, no menos, y falla cuando se delega sin entregar también la información y los recursos necesarios para decidir.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

Respuestas breves a lo que suele preguntarse sobre esta página.

¿Consultar y participar no son lo mismo?

No. Hay participación cuando quien interviene puede cambiar el resultado. La consulta y la información son legítimas, pero conviene llamarlas por su nombre para no generar expectativas que el proceso no va a cumplir.

¿Qué hacer si el margen de decisión es muy pequeño?

Decirlo. Un margen pequeño y honesto produce mejores resultados que uno grande y falso, porque las personas ajustan su implicación a lo que realmente está en juego.

¿Cómo se trata la resistencia?

Como información. Suele señalar un problema en el diseño del proceso, una consecuencia no considerada o una distancia entre el margen prometido y el real.

¿Por qué se insiste tanto en la devolución?

Porque es lo que decide si habrá una siguiente ronda. Un no explicado no daña el proceso; el silencio sí, porque obliga a interpretar y la interpretación por defecto es que no sirvió de nada.

Seguir leyendo