Obsolescencia programada: planificar desde el principio dejar de hacer falta
Una estrategia contraintuitiva: empezar cada encargo organizando la propia salida.
| Sección | Ideas |
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| En esta página | De dónde viene el texto, La estrategia, Lo que cuesta sostenerla, El ciclo largo |
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De dónde viene el texto
El original es una nota personal escrita en inglés, fechada en el archivo y construida alrededor de una cita de Dag Hammarskjöld que su autor dice llevar consigo desde que empezó a facturar como consultor, en 1989. La cita funciona como incomodidad más que como lema: no eres el aceite ni el aire, solo el punto de combustión; solo la lente en el haz.
Lo que el texto hace con esa imagen es bastante concreto. Si el valor de quien acompaña está en ser un medio y no un fin, entonces todo lo que refuerza su posición como fin —la marca personal, la reputación de imprescindible, el secreto de método— trabaja en contra del encargo.
La estrategia
De ahí sale la formulación que da nombre al texto: programar la propia obsolescencia desde el comienzo de cada encargo. Es contraintuitiva porque la obsolescencia planificada, en su acepción habitual, describe un producto diseñado para dejar de servir y forzar una compra nueva. Aquí se invierte el sentido: el trabajo se diseña para dejar de ser necesario, y el indicador de que ha ido bien es que el cliente necesite menos ayuda al final que al principio.
En la práctica eso se traduce en decisiones menudas y repetidas. Enseñar el método en lugar de aplicarlo a puerta cerrada. Preguntar en cada fase quién dentro de la organización podría llevar esa parte la próxima vez. Dejar por escrito lo que normalmente se queda en la cabeza de quien facilita. Y resistir la tentación de convertirse en el único que sabe por qué algo funcionó.
Lo que cuesta sostenerla
El texto no la presenta como una postura cómoda. Reconoce que al principio le resultó muy difícil seguirla y que exigía enfrentarse a miedos que siguen ahí, aunque con los años molesten menos: el miedo a quedarse sin encargos, el de perder relevancia, el de que el mérito de un buen resultado se atribuya enteramente al grupo.
Esa dificultad es justamente lo que hace interesante el argumento. Una estrategia que solo funciona cuando no cuesta nada no dice gran cosa sobre el oficio; esta se sostiene contra el interés inmediato de quien la aplica, y por eso obliga a decidir a favor del encargo cada vez que aparece el conflicto.
El ciclo largo
La última parte del texto extiende la idea del encargo a la carrera entera. Con tres décadas de práctica detrás y quizá una por delante, su autor se pregunta cómo será aplicar la misma estrategia al ciclo completo de una vida profesional. Su conclusión es que todos los profesionales se vuelven obsoletos en algún momento, y que la obsolescencia está programada desde el nacimiento: la única diferencia está en si uno la organiza o le llega.
La nota cierra volviendo a la misma cita: se conoce la vida, y la vida reconoce a quien la vive, en la medida de su transparencia, es decir, de su capacidad de desaparecer como fin y quedar como puro medio. Es la misma incomodidad que recorre los materiales de GAIT, y explica por qué en ellos la pregunta por el desgaste de quien promueve cambios aparece tan pronto.
Preguntas frecuentes
Respuestas breves a lo que suele preguntarse sobre esta página.
¿Qué significa aquí obsolescencia programada?
Lo contrario de su acepción comercial: el trabajo se diseña desde el primer día para dejar de ser necesario, y el encargo se considera bien hecho cuando la organización necesita menos ayuda que al empezar.
¿Cómo se aplica en un encargo concreto?
Enseñando el método en lugar de reservarlo, preguntando en cada fase quién dentro podría llevar esa parte la próxima vez, y dejando por escrito lo que suele quedarse en la cabeza de quien facilita.
¿Por qué resulta difícil sostenerla?
Porque trabaja contra el interés inmediato de quien la aplica. El texto nombra los miedos: quedarse sin encargos, perder relevancia, ver atribuido al grupo el mérito de un buen resultado.